Asturianos

Mineros en Montico. ©Miki López

País de contradicciones

Llevo muchos kilómetros a las espaldas recorriendo este país de contradicciones, de sur a norte, de este a oeste. Un viaje de muchos años que me ha hecho conocer y amar a mi tierra, a mi gente y valorar la herencia que nos ha dejado como memoria de un pueblo, un pueblo solidario, orgulloso y terroríficamente “grandón”. Un pueblo que es capaz de montar una barricada y lanzar piedras y gomerazos contra la misma policía con la que luego se toma un café para hablar de la mejor manera de plantar tomates y cebolles (esto lo han visto mis ojos). Un pueblo que ama lo bueno que tiene pero que, al mismo tiempo, lo infravalora como si  fuese más un defecto que una virtud. Un pueblo acogedor al que prácticamente puedes ir sin dinero porque “ta to pago”.

Festival de la Sidra de Nava 2022. ©Miki López

Un pueblo de fartones, juerguistas y borrachos muy borrachos. Un pueblo de tópicos atípicos, donde a no todo el mundo le gusta ni la sidra, ni la fabada, ni el arroz con leche, pero lo lleva en la sangre. Un pueblo eminentemente ateo que adora tanto a su Santina como recela del clero. Un país  dividido en dos partes que se odian a muerte durante los 180 minutos que duran los dos partidos de un derbi.

Derbi asturiano. Llegada al molinón de los aficionados y equipos del Real Oviedo y el Sporting de Gijón. ©Miki López

Un país con una lengua propia tan real que solo niegan los que no salen del triángulo urbano que marca la autopista. Un país de currantes que siempre fueron referencia de aquellos obreros del mundo que cantaba Victor Manuel y que hoy necesitan despertar de ese sueño al que les llevaron sus ya lejanas conquistas sociales.

Fotos de asturianos
Fiesta casa por casa en La Peral. ©Miki López

Patrimonio de la Humanidad

Con todas estas contradicciones que nos engalanan, deberíamos ser un pueblo extinto hace siglos, pero al final aquí seguimos, aferrados a la hermosura de nuestra tierra y a las prejubilaciones ganadas a golpe de sindicalismo. Quizás sea el momento de espabilar. Y será cuestión de ese celtismo de Asterix y Obelix que nos caracteriza, pero esta idiosincrasia tan asturiana, esta forma de ser por la que se nos reconoce universalmente, debería ser patrimonio de la humanidad. Aunque solo sea para protegernos de nosotros mismos.

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