Gabino Díaz Merchán, el obispo social

En los tiempos que corren hay que reconocer que es muy difícil mantener la fe. Crisis, guerras, pandemias, cambio climático….. todo apunta a un guion de película futurista y distópica donde es fácil renegar de la Providencia porque los males que acucian a este mundo apuntan más a la obra humana que al designio divino.

Iglesia y sociedad

El arzobispo Gabino Díaz Merchán en Nava. ©Miki López, 1993

Son dignos de admirar aquellos que, desde sus creencias religiosas, son capaces de ver en los desastres sociales y naturales una especie de camino educativo del Creador, un castigo divino que trata de evitar que nos salgamos del camino del bien, tentados por los pecados capitales que el mal pone a nuestro paso.

La iglesia católica, la que se supone que es la que dicta la palabra de Dios, ha parecido ser en muchas ocasiones una auténtica obra del demonio: Inquisición, abusos sexuales, espolios y guerras fueron actos en los que se vio involucrada a lo largo de los siglos.

Gabino Díaz Merchán, el obispo social

Pero también ha sido el germen de asociaciones y hombres buenos que buscaban el bien común de una sociedad que vivía y vive arrodillada ante un poder económico que, día tras día, aumenta y perpetúa las lacras de una mundo en el que los ricos cada día son más ricos y los pobres cada vez más pobres.

El arzobispo Gabino Díaz Merchán en una misa en honor a la Virgen de Covadonga. ©Miki López, 1999

Determinados sectores de la iglesia llevan años tratando de salir de ese encasillamiento de poder al que tradicionalmente se la ha vinculado y en Asturias, donde tenemos una fuerte tendencia irreverente y revolucionaria, tuvimos la bendición de contar con la figura de Gabino Díaz Merchán, el eterno arzobispo que renegó públicamente de la terminología de «Cruzada» con la que alegremente el fascismo denominaba a la Guerra Civil Española.

Gabino Díaz Merchán en Oviedo. ©Miki López, 2013

Ese talante conciliador y eminentemente social tuvo su culmen aquel día que posó con un «gomeru» junto a los trabajadores de Duro Felguera que en el año 96 se encerraron durante 318 días en la torre de la catedral. Gabino Díaz Merchán fue el único que defendió y no traicionó a aquellos sufridores de las reconversiones industriales asturianas.

El gomero

El gomero que le regalaron, fue uno de los que aquellos obreros abocados al despido, utilizaron en sus tremendos enfrentamientos con los antidisturbios. El regalo de aquel «arma proletaria» a un obispo era toda un reconocimiento por parte de aquellos trabajadores que agradecieron y jamás olvidaron el gesto del emérito recientemente fallecido.

Por su capilla ardiente y por su funeral pasaron asturianos de todo tipo y condición pero el pensamiento era unánime: Don Gabino era un gran paisano.

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